Cintas que se deshacen poco a poco
Lo normal es que la cinta dé señales durante semanas: los bordes se deshilachan, el tejido pierde el color y se pone tieso, y cada vez cuesta más que se recoja. En las viviendas cercanas al mar que pasan meses sin uso encontramos a menudo cintas con buen aspecto que se rompen al primer tirón, porque el sol y la sal las han dejado sin elasticidad.
Por eso conviene cambiarla en cuanto aparecen esos síntomas. Si se rompe con la persiana abajo, empezamos por subir el paño a mano y asegurarlo; después ponemos una cinta entera, de la polea al recogedor, y comprobamos que queda firme en los dos extremos.
El recogedor: empotrado o sobre la pared
Dentro del recogedor, un muelle en espiral va guardando la cinta cada vez que usted sube la persiana. Los hay de dos tipos: los de embutir, empotrados en la pared, de los que solo se ve la tapa y la ranura, y los de superficie, que se atornillan por fuera y sacan de apuros cuando el hueco está roto o no existe.
Un muelle cansado se reconoce porque la cinta cuelga sin recogerse o, al contrario, se la traga de golpe. Lo cambiamos por uno idéntico, que encaja en el mismo hueco sin obra; si ese modelo ya no se fabrica, montamos uno de superficie y tapamos lo que quede a la vista.
Arriba, en el cajón: la polea
Arriba, dentro del cajón, la cinta termina enrollada en la polea, una rueda solidaria con el eje. Una polea con grietas o que gira descentrada tuerce la cinta nueva, la hace rozar y la gasta mucho antes de tiempo. Igual de dañina es una ranura de entrada con el canto afilado.
Así que cambiar la cinta, para nosotros, incluye mirar la polea, sustituirla si está tocada y colocar una pieza guía en la ranura cuando roza. Son detalles pequeños que deciden si la cinta nueva aguanta muchos inviernos o vuelve a partirse en unos meses.
Cuándo conviene dejar atrás la cinta
Hay persianas que, por tamaño o por peso, piden algo más que una cinta nueva: las balconeras que cuesta subir a pulso o las que se manejan muchas veces al día. En esos casos puede tener sentido motorizar; cinta y recogedor desaparecen y el hueco del muro sirve para el pulsador.
Nadie está obligado a dar ese paso. Una persiana manual con cinta nueva funciona perfectamente durante mucho tiempo, y hay quien la prefiere así por sencillez. Le contamos lo bueno de cada opción y usted decide sin prisas. Si la deja manual, revise la cinta de vez en cuando, sobre todo en las ventanas que más sol reciben.
Preguntas sobre cambio de cinta y recogedor
¿Merece la pena que cambie la cinta yo?
Tiene más truco del que parece. El muelle del recogedor va tensado y, si se abre la caja sin sujetarlo, se suelta de un latigazo; además, una cinta mal fijada a la polea deja caer la persiana al primer uso. Si nunca lo ha hecho, es más seguro que lo hagamos nosotros.
La cinta nueva sube torcida, ¿qué falla?
Casi siempre, la culpa es de la polea o de la boca del cajón por donde entra la cinta: si una u otra están desalineadas, la cinta sube de lado por muy nueva que sea. Lo revisamos siempre que ponemos una cinta.
¿Hay cintas de distintos anchos?
Sí, y hay que respetar el de la cinta original, porque la polea y el recogedor están hechos para ese ancho. Medimos la suya y ponemos una equivalente, del color que usted elija entre los que haya.
El recogedor cuelga fuera de su hueco, ¿qué hago?
No tire de la cinta, porque el peso de la persiana puede arrancar la caja del todo. Deje la persiana quieta y llámenos: volvemos a fijar el recogedor o lo cambiamos si el muelle o la caja se han dañado.



